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Durante la infancia los niños también se entristecen y deprimen. La tristeza es una emoción natural que se produce como reacción a una pérdida. Podríamos decir que es una reacción adecuada a la pérdida. La depresión se produce  cuando la tristeza se instala más tiempo del necesario en el niño, para superar el duelo por lo perdido.
 
Ante la realidad de ir enfrentándose a las pérdidas de la propia vida, hay niños que las toleran peor y se entristecen. Es momento de que los padres acompañen al pequeño en esta tristeza, hagan sentir que lo entienden y empaticen con él.

Síntomas de depresión

Cuando la tristeza tras un acontecimiento doloroso se alarga más de lo normal, o cuando no tiene una causa clara, es posible que el niño sufra una depresión. Junto con la tristeza aparecen síntomas como la irritabilidad o la falta de interés por actividades que antes le motivaban, problemas en la escuela, falta de energía, tendencia al aislamiento, aburrimiento fácil o una tendencia a hablar de sí mismo como si no mereciera ser querido o fuera malo.
Causas
La depresión puede estar causada por pérdidas reales muy traumáticas para el niño (como la muerte de uno de sus padres) o porque no se dé suficientemente el baño de amor que necesita, es decir, que no sea alimentado psicológicamente de una forma adecuada y suficientemente buena.

El amor de los padres da al bebé este baño psicológico que le hará sentir que merece ser amado, un amor que es la piedra fundacional de su autoestima, de la seguridad con la que irá por la vida, de su bienestar psicológico. Cuando esto falta los niños es muy probable que se depriman.

 
Cómo actuar

Hablar de las pérdidas (no negarlas ni silenciarlas) es la mejor forma de superarlas y elaborarlas.
Es importante acompañar al niño en esta elaboración, para que pueda ir expresando sus sentimientos, para que gane autoestima poco a poco, sintiéndose querido. En definitiva que reciba amor para que, poco a poco, se vaya cerrando su herida.

No hay que llegar al extremo de la sobreprotección porque el niño necesita tener confianza para afrontar su camino a la independencia.

Jugar con el niño, dibujar con él, soñar con él, le dará vida, alegría y confianza de que el mundo es un lugar que vale la pena.

Actualmente se da una alta proliferación de los trastornos mentales postparto, concretamente de la Depresión Postparto en sus diferentes cuadros clínicos, y de las innumerables consecuencias que éstas tienen para el bienestar de las personas y familias.

Como profesionales de la salud mental, es clave que ayudemos a los pacientes a descubrir su pasado como hij@s para mejorar su presente como padres/madres, es decir, a descubrir sus vivencias desagradables desterradas al inconsciente para evitar el sufrimiento que puedan revivir.

Influencia de la infancia
Es muy importante que entendamos la dificultad, sufrimiento y el trastorno depresivo en el postparto de una forma global, no específica de este momento vital, sino como una gestación a lo largo de la vida y que aparece en este momento de más vulnerabilidad debido a la gran cantidad de cambios que se dan a distintos niveles. A menudo la depresión postparto revela un trastorno antiguo no tratado, que puede provenir de una parte de la personalidad más vulnerable, necesitada, inmadura, más niña, en definitiva, una parte que se quedó un poco ahí en la infancia, sin crecer, sin madurar, sin separarse del todo de la madre, y creada también a partir de cómo se sintió querida, valorada y percibida en la infancia.

Autores como Rosfelter (1994) nos recuerdan que las vivencias depresivas y los cambios de humor, tan frecuentes en tantas madres, están asociados al hecho de que junto con convertirse en responsables de otra vida además de la suya, sus propios estados de dependencia infantil retornan crudamente, consciente e inconscientemente, apareciendo experiencias psíquicas que ellas creían olvidadas. Hay incapacidades entonces, que afloran en el momento sobretodo del postparto y hay que ser muy cuidadosos en el momento y la forma de etiquetarlas.

Sentimiento de culpa
De alguna manera, la madre se puede percibir e reinterpretar a sí misma como una persona que no es capaz de acoger y cuidar a su bebé y que no se siente feliz, generando gran cantidad de culpa en ella. Así pues, comprendiendo que la futura madre se construye desde niña y, en el momento de entender, conceptualizar y evaluar la sintomatología, se permite a las pacientes/madres (y también a los padres) reducir de forma muy significativa su grado de culpa. También se reduce la incomprensión, incapacidad, frustración (y a veces fustigación) por tener una depresión de este tipo, centrando el trabajo en el niñ@ que se ha sido más que sobre el bebé que va a llegar o ya ha nacido.

Comprendiendo de una forma profunda lo que a uno le pasa y de dónde viene, se empieza a recorrer un camino que lleva al cambio, más allá del alivio de la sintomatología, la cual disminuye a la par que se va comprendiendo el origen real.

Analizar el tipo de apego de cada componente de la pareja, su desarrollo infantil y sus procesos de internalización y representación mental, ayuda a comprender cómo el propio funcionamiento incide en la satisfacción individual y de pareja.

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